Nicolas Jolivot es autor, ilustrador y viajero. El año en que se graduó en la Escuela Superior de Artes Decorativas de París comenzó su carrera como artista plástico, y recorrió toda Francia para dibujar el viento. Desde entonces, ha viajado por todo el mundo, casi siempre a pie, y ha creado un gran número de magníficos diarios de viaje, utilizando pinceles, tinta y materiales encontrados sobre el terreno. Es autor de una docena de libros, entre los que destacan: «Chine, scènes de la vie quotidienne» (2014), «Aux sources du Nil: Carnets de voyages en Ouganda et en Ethiopie» (2017) «Japon, à pied sous les volcans» (2018), «Baltique, à pied d’île en île» (2019), «Viajes por mi jardín» (2022) y «Éole roi: Le livre des vents» (2022).
«A lo largo de este año en que observé a Tino, Tina, Tinito y a sus congéneres alados, hubo momentos en los que viví como un mirlo. Me adentré en la intimidad de su círculo familiar, escuchando la riqueza y sutileza de sus conversaciones, compartiendo con ellos la cotidianidad de sus días. Sentí en carne propia esa fuerza ancestral de resistencia transmitida desde la ...
«En febrero de 2019, al regresar de mi enésimo viaje a China, sentí que había cumplido con mi cupo de desplazamientos. Había tenido la insolente suerte de pasar casi treinta años recorriendo el mundo, sin contratiempos reseñables y para el mero deleite de mis ojos. Había llegado el momento de aflojar el ritmo. Sin que lo viera venir, un humor más sedentario le había ...
«A lo largo de este año en que observé a Tino, Tina, Tinito y a sus congéneres alados, hubo momentos en los que viví como un mirlo. Me adentré en la intimidad de su círculo familiar, escuchando la riqueza y sutileza de sus conversaciones, compartiendo con ellos la cotidianidad de sus días. Sentí en carne propia esa fuerza ancestral de resistencia transmitida desde la ...
«En febrero de 2019, al regresar de mi enésimo viaje a China, sentí que había cumplido con mi cupo de desplazamientos. Había tenido la insolente suerte de pasar casi treinta años recorriendo el mundo, sin contratiempos reseñables y para el mero deleite de mis ojos. Había llegado el momento de aflojar el ritmo. Sin que lo viera venir, un humor más sedentario le había ...