Treinta y cinco años contaba Khalil Gibran en el momento de escribir El loco, pero a sus espaldas llevaba un amplio y rico bagaje cultural adquirido en Líbano, Estados Unidos y Francia. Letras y pintura, conversaciones y lecturas, drogas y alcohol, junto con un espíritu inquieto, constituían ya por entonces el universo de un autor único en el mundo árabe, portavoz una generación sin ...